¿Qué es el PISA y por qué es importante más allá de las clasificaciones?

Cada ciclo del PISA da lugar a la misma noticia. A las pocas horas de su publicación, circula una tabla de clasificación, se afirma que los sistemas educativos de algunos países están mejorando o empeorando, y la evaluación que hay detrás de las cifras pasa en gran medida desapercibida. Los resultados iniciales del PISA 2025 se darán a conocer el 8 de septiembre de 2026, y es probable que se repita el mismo patrón.

No obstante, PISA es mucho más que una clasificación. Detrás de ella se esconde un programa diseñado para garantizar que una tarea de ciencias redactada una sola vez pueda llegar a jóvenes de 15 años en más de 90 sistemas educativos, en 54 idiomas y en equipos informáticos muy diversos, sin dejar de generar puntuaciones que tengan el mismo significado. Nada de eso ocurre por sí solo. Esa comparabilidad debe integrarse en cada etapa, desde el muestreo y el diseño de las preguntas hasta la traducción, la distribución y la recopilación de respuestas.

Este artículo va más allá de las clasificaciones para explicar qué mide el PISA, cómo su metodología permite realizar comparaciones internacionales y qué ha cambiado como consecuencia de la realización digital de las pruebas. Además, analiza qué nos puede aportar el PISA 2025 y cómo se pueden interpretar sus resultados cuando se publiquen.

¿Qué es PISA?

El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) está gestionado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se lleva a cabo cada tres años desde el año 2000, y el PISA 2025 es su noveno ciclo

PISA evalúa a jóvenes de 15 años, una edad elegida porque se sitúa cerca del final de la escolarización obligatoria en la mayoría de los sistemas participantes. Se trata de una encuesta por muestreo y no de un censo, por lo que cada país evalúa a una muestra seleccionada estadísticamente, diseñada para representar a la población general de jóvenes de 15 años, en lugar de a toda la cohorte.

La ejecución de la evaluación no corre a cargo únicamente de la OCDE. Un consejo de administración formado por los países participantes establece las prioridades, mientras que un consorcio internacional de contratistas elabora y gestiona la evaluación siguiendo normas técnicas detalladas. Esa división resulta importante más adelante, ya que la mayor parte de los mecanismos que garantizan la comparabilidad recaen en el consorcio.

Por qué lo creó la OCDE

A finales de la década de 1990, los gobiernos podían comparar los recursos destinados a la educación sin demasiada dificultad. El gasto por alumno, el número de alumnos por clase y las horas lectivas estaban todos ellos razonablemente bien documentados. Sin embargo, lo que resultaba más difícil de comparar eran los resultados educativos.

Los exámenes nacionales miden en qué medida los alumnos han asimilado el plan de estudios nacional, lo que los hace muy adecuados para la rendición de cuentas a nivel nacional, pero menos útiles para la comparación internacional. El aumento de la tasa de aprobados en un país dice muy poco sobre el rendimiento de sus alumnos en comparación con el de los de otro país. El programa PISA se creó para subsanar esta carencia, aportando datos sobre los resultados que pudieran compararse de forma legítima entre los distintos sistemas educativos. 

Lo que mide realmente el PISA

PISA no está diseñado para evaluar si los jóvenes de 15 años han asimilado un plan de estudios nacional concreto. En cambio, evalúa si son capaces de aplicar sus conocimientos y habilidades en contextos desconocidos y del mundo real, en lugar de limitarse a recordar lo que se les ha enseñado. Por eso, el marco describe lo que mide como alfabetización en lugar de «rendimiento».

La alfabetización científica, por ejemplo, no consiste en memorizar definiciones. Se trata de determinar si un alumno es capaz de interpretar datos, evaluar una afirmación y razonar sobre una situación que no haya encontrado en un libro de texto. Al centrarse en conocimientos y habilidades de amplia aplicación, en lugar de en los planes de estudios nacionales concretos, el PISA ofrece una base común más justa para comparar a los alumnos de distintos sistemas educativos, ya que ningún plan de estudios nacional por sí solo podría servir como criterio de referencia adecuado para todos los países participantes.

Cada ciclo abarca lectura, matemáticas y ciencias, y se profundiza en una de estas áreas. PISA 2025 se centra en las ciencias, mientras que la lectura y las matemáticas constituyen áreas secundarias. Este ciclo se distingue por dos novedades:

Los alumnos, los responsables de los centros educativos y, en algunos sistemas, también los profesores y los padres, rellenan cuestionarios. Estos proporcionan información contextual sobre los antecedentes de los alumnos, sus actitudes y sus entornos de aprendizaje, lo que facilita la interpretación de las puntuaciones y permite a los investigadores y a los responsables políticos analizar con mayor profundidad las diferencias entre los sistemas educativos.

Cómo utilizan los gobiernos los resultados

Los ministerios se toman en serio el PISA, ya que aporta datos que no pueden obtener únicamente a partir de las evaluaciones nacionales. Sin embargo, conviene ser precisos sobre lo que esos datos pueden respaldar. El PISA no indica a un gobierno qué políticas debe adoptar. Se trata de un estudio transversal, por lo que identifica correlaciones en lugar de causas, y los sistemas educativos presentan diferencias que ningún cuestionario puede reflejar plenamente.

Lo que sí aporta el PISA es realmente útil:

  • Datos comparables a nivel internacional sobre los resultados de los alumnos, medidos de la misma forma en todos los sistemas participantes
  • Los datos de tendencias a lo largo de los ciclos, que suelen ser más reveladores que una simple posición en la clasificación
  • Información contextual sobre la equidad, el bienestar de los alumnos, las actitudes y las condiciones escolares
  • Indicaciones sobre los aspectos que un sistema podría analizar con mayor detenimiento utilizando sus propios datos nacionales

Por lo tanto, el uso más justificado de PISA es el de servir de punto de partida para una investigación más profunda, más que como un diagnóstico en sí mismo. Un descenso en un ámbito concreto, o una brecha cada vez mayor entre los alumnos favorecidos y los desfavorecidos, puede llevar a los responsables políticos a examinar los datos nacionales para identificar qué factores pueden estar contribuyendo a esa tendencia. 

Por qué la metodología es más importante que la clasificación

Una clasificación solo tiene sentido si los resultados en los que se basa son realmente comparables. Si las muestras se seleccionan de forma diferente en dos países, o si una tarea traducida resulta ser más difícil que la original, la diferencia entre esos países podría estar reflejando la forma en que se llevó a cabo la evaluación, en lugar del rendimiento de los alumnos. 

Por ese motivo, PISA integra la comparabilidad en su metodología en todas las fases de la evaluación, desde el diseño hasta la realización y la interpretación. 

Muestreo: ¿Quién realiza realmente la evaluación?

PISA define su población objetivo de forma muy precisa. Los alumnos que cumplen los requisitos tienen tienen entre 15 años y 3 meses y 16 años y 2 meses al inicio de las pruebas y matriculados en 7.º de primaria o cursos superiores, en centros públicos o privados. Los países presentan un marco de muestreo, que el contratista internacional encargado del muestreo valida antes de seleccionar a ningún alumno.

La selección se lleva a cabo en dos fases. Las escuelas se seleccionan mediante sorteo con una probabilidad proporcional a su número de alumnos que cumplen los requisitos, y se toma una muestra de un número determinado de alumnos dentro de cada escuela participante. Los umbrales de participación son explícitos: Al menos el 85 % de los centros seleccionados inicialmente deben aceptar participar, además de que debe alcanzarse una tasa mínima de participación de los alumnos. Solo se puede recurrir a colegios de reserva una vez que se haya alcanzado un umbral de participación inferior. 

Estas normas son de obligado cumplimiento, no meras recomendaciones. En los resultados publicados se señalan los países que no las cumplen y se añaden notas a sus datos, por lo que conviene consultarlas antes de comparar dos sistemas cualesquiera. 

Idioma: Una evaluación, muchas versiones nacionales

Elaborar una versión en finés o coreano de una tarea no es una traducción en el sentido habitual del término. El consorcio elabora versiones originales paralelas en inglés y francés, y las directrices de traducción exigen dos traducciones independientes, una a partir de cada versión original, que posteriormente un revisor externo fusiona en una única versión nacional.

A continuación, unos verificadores independientes comparan esa versión con las versiones originales, mientras que los datos de los ensayos de campo se utilizan para evaluar si realmente se ha logrado la equivalencia lingüística. La adaptación se aplica incluso cuando no es necesaria una traducción, ya que una tarea planteada en un contexto cultural desconocido puede resultar más difícil por motivos ajenos a la ciencia o las matemáticas.

Validez y coherencia en la práctica

En este contexto, la validez tiene un significado específico: que las conclusiones extraídas de las puntuaciones estén justificadas para el uso que se les da. En el caso de las comparaciones internacionales, esto depende en parte de que la evaluación funcione de manera coherente en todos los países. Si una tarea se resuelve de forma diferente por parte de alumnos con el mismo nivel de capacidad en dos países, cualquier comparación entre ellos se ve comprometida. Por ello, PISA utiliza un análisis a nivel de ítem tras la prueba de campo para identificar las tareas que se resuelven de forma diferente y, cuando es necesario, eliminarlas de la escala de puntuación.

La coherencia se refiere a la forma en que se lleva a cabo la evaluación y se califica. Las pruebas se realizan dentro de un plazo definido y su administración sigue un guion común. La codificación de las respuestas abiertas también se rige por normas comunes, con controles de fiabilidad entre los codificadores. Las normas técnicas de PISA 2025 establecen estos requisitos en materia de muestreo, traducción, seguridad, pruebas de la plataforma y envío de datos. 

Cómo ha cambiado la distribución digital

PISA pasó a realizarse por ordenador en 2015, y este cambio supuso mucho más que la simple sustitución del papel. La realización digital ha ampliado lo que la evaluación puede medir, al tiempo que ha introducido una nueva serie de factores que deben controlarse.

Diseño adaptativo y tareas interactivas

PISA 2025 amplía las pruebas adaptativas en varias fases a las tres competencias básicas. En lugar de entregar a todos los alumnos un cuestionario idéntico, la evaluación dirige a los alumnos a bloques de tareas en función de su rendimiento anterior. Esto permite a PISA medir la capacidad con mayor precisión en todo el espectro de rendimiento, especialmente en los extremos superior e inferior, sin que sea necesario que todos los alumnos respondan al mismo conjunto de preguntas.

Las tareas interactivas amplían aún más lo que se puede evaluar. En las unidades de «Aprendizaje en el mundo digital», los alumnos trabajan en un entorno simulado, lo que permite a la plataforma registrar aspectos relacionados con la forma en que abordan un problema, además de si llegan a la solución correcta. Este tipo de evidencia del proceso no se podría recabar mediante una evaluación tradicional en papel. 

La accesibilidad como requisito de comparabilidad

La accesibilidad suele clasificarse dentro del ámbito del cumplimiento normativo. En una evaluación internacional, también es una cuestión de medición: si un estudiante no puede utilizar la interfaz de forma eficaz, su puntuación puede reflejar la barrera con la que se ha encontrado, en lugar de su competencia. Cada una de esas puntuaciones debilita la comparación que el programa pretende facilitar. 

Los requisitos prácticos de accesibilidad incluyen la compatibilidad con tecnologías de apoyo, la navegación mediante teclado, un contraste de colores suficiente, la posibilidad de ajustar el tamaño del texto y una reproducción de audio fiable para los componentes de audición y expresión oral que se introducirán en 2025. Las normas de inclusión y exclusión también son importantes, ya que quién se incluye o se excluye de una muestra determina lo que describe la media resultante. Las plataformas diseñadas para normas de accesibilidad reconocidas, como TAO, facilitan que estas decisiones se apliquen de forma coherente en entornos escolares muy diferentes. 

Coherencia técnica

La distribución digital solo es comparable cuando el entorno técnico se comporta de la misma manera en todas partes. En la práctica, esto abarca cuatro aspectos:

  • Entrega coherente, de modo que una tarea tenga el mismo aspecto y se comporte de la misma manera, independientemente de dónde o cómo se administre
  • Comportamiento predecible de la plataforma en toda la gama de dispositivos, navegadores y sistemas operativos con los que cuentan realmente los centros educativos
  • Gestión controlada de los datos, de modo que las respuestas, los tiempos y los registros de interacción se conserven intactos y se asocien al alumno y a la sesión correctos
  • Interoperabilidad mediante estándares abiertos como el estándar de interoperabilidad de preguntas y pruebas (QTI) , que permite que el contenido de las evaluaciones sea transferible en lugar de estar vinculado al formato de un único proveedor

Lo que indica PISA 2025 sobre la evaluación internacional

PISA 2025 se llevó a cabo a través de una única plataforma digital gestionada de forma centralizada que permitía realizar sesiones tanto en línea como presenciales, algo inédito en el programa. El consorcio, liderado por el Consejo Australiano de Investigación Educativa (ACER) con la plataforma TAO de Open Assessment Technologies, abarcó 91 países y economías y 54 idiomas en más de 900 000 sesiones de evaluación. Aproximadamente 100 000 de ellas se llevaron a cabo sin conexión.

La magnitud de la distribución sin conexión es considerable. Al considerar la conectividad intermitente como una vía de distribución prevista, en lugar de como una solución de emergencia, las escuelas con una infraestructura limitada pudieron participar igualmente en el mismo programa de evaluación. En ese sentido, la capacidad de funcionamiento sin conexión no es simplemente una característica técnica, sino que forma parte de la forma en que PISA mantiene una participación amplia y constante. La TAO ha publicado un informe más detallado sobre lo que supuso la implementación a esa escala.

No obstante, la dirección a seguir está clara. PISA 2029 se centrará en la lectura e incorporará la alfabetización mediática y en inteligencia artificial como ámbito innovador, lo que exigirá más, y no menos, a la plataforma de evaluación. 

Cómo interpretar la siguiente serie de resultados

Cuando se publiquen las cifras de 2025, la clasificación será la parte más fácil de presentar y la menos informativa de leer. La tendencia a lo largo de los ciclos, la diferencia entre los alumnos más fuertes y los más débiles de un sistema, los datos contextuales que hay detrás de la media y los criterios de participación que un país haya cumplido o no aportan mucha más información que una simple posición en una tabla.

Ninguna de esas pruebas existiría sin la metodología que las sustenta. La comparabilidad entre 91 sistemas y 54 idiomas no es una consecuencia secundaria de realizar la misma prueba en todas partes, sino el resultado de que las normas de muestreo, los procedimientos de traducción, las normas técnicas y la infraestructura de distribución funcionen tal y como está previsto.

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